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Repugnante: "Yeah Poe!"

Imagen de Un Mono

Ayer, domingo, asistí al cierre de temporada de una obra, "Yeah Poe!". Creo que, desde que actué de perrito en el pesebre de cuando estaba en kinder, es la peor obra de teatro a la que he asistido.
Y pensar que cuando vi el anuncio en el metro (porque hasta estaba en Metroinvita, ¡estúpida libertad de expresión!) me dije de inmediato "ésa debe ser una obra MALA".
Pero fui igual.
Y tras retorcerme durante cosa de dos horas, ansiando salir de ahí desde los cinco minutos, lo único que puedo decir a quien lea esto es que tenga cuidado, porque esto es sólo la primera parte de una trilogía. Así que van a lanzar dos más. ¡Y cobran $4000, y $2000 a estudiantes!

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Bien, vamos por partes. Comencemos con que me gusta Edgar Allan Poe desde niño. Todavía lo agarro de vez en cuando y me zampo un par de cuentos. Así que la cosa no es con Poe.
También me gusta el teatro, no soy un retrógrada anti-teatro "moderno". Alego que en teatro tienen dos musas y los dibujantes ninguna, pero por lo demás es un arte que valoro. Y mucho.

Pero lo que vi era repugnante.

Imaginen a cuatro tipos sacados de la Bal-le-Duc (sin ofender, es sólo para dar una imagen). Bien. Entonces, mezclen en un bol muchas coreografías (¡muchas, muchas!); música gótico-industrial sin procesar; tantos puntos muertos que la raza de los puntos va a recordar esa masacre por generaciones; chistes burdos, como los que lanza tu amigo chistoso a las tres de la madrugada cuando toma demasiado ron; y escenas sexuales absolutamente gratuitas, sin sentido y realizadas por chicos(as) de dudosa mayoría de edad.

Ahora, a lo ya mezclado, agregar una utilería notoriamente sacada de las piezas de los integrantes de la compañía (como un osito de peluche que aparece lanzándose un monólogo absolutamente fuera de lugar, y que al parecer era el jefe de los policías de Corazón Delator); unas actuaciones que, si no fuera porque las coreografías demuestran una sincronía muy trabajada (hay que reconocerlo), darían la impresión de un grupo de escolares improvisando; y muchas imágenes sexuales puestas en lugares donde no vienen al caso. Como una escena de sexo en la habitación del casero de Corazón Delator, los policías sado-maso en la misma (si no hubiese leído el cuento no habría sabido que eran policías), las tetas que flotaban por ahí al principio de La Máscara de la Muerte Roja, y así.

Pero tal vez todo esto parezca interesante, novedoso. Claro.

Pero falta el guión.

Y es ahí donde la cosa marca un hito en el teatro. El guión es PÉSIMO.
La primera parte es El Cuervo. Bien, el poema, corto de leer, es arrojado al parecer de manera íntegra (no estoy seguro, porque mi atención había salido de ahí hacía un rato), a lo largo de unos cuarenta minutos. Gestualizaciones sin sentido y gritos histéricos que no remarcan nada son el sello de este acto.

La segunda parte es Corazón Delator. Actuaciones hiperventiladas, de connotación sexual porque sí; mucho estilo gótico-industrial (las coreografías emulan una larga serie de videoclips tipo Rammstein); el remate de los dos policías sado-masoquistas, una idea casi buena, pero no; y el osito ya mencionado. Esta parte es lo peor de la obra. Ahí fue cuando pensé en cómo pasar a través de la gente y salir a fumar. Pero afuera hacía un poco de frío, y me quedé.

Y la tercera parte, basada en La Máscara de la Muerte Roja. Casi, casi buena, pero tampoco. Las escenas toplero-coreográficas se suceden eternamente, sin explicar mucho, pero con evidente placer por parte de los actores. Ah, éste es el acto donde más tetas se pueden apreciar. Yo me pregunto, ¿cómo una obra con tanta teta, sexo y chistes malos logró mantener mi atención en otro lado por tanto rato? ¡Si hasta veo Billy y Mandy, y lo disfruto!
Lo bueno de la obra: la escenografía de planta y luces, y la preparación de los actores.

Miren este video, verán que visualmente la obra no se ve fea a primera vista. Pero salvo la escena donde el tipo golpea a otro en una cama, todas las escenas mostradas en ese videoclip son relleno sin importancia para la trama.

Nota: Lo olvidaba, fue francamente notable la frase de cierre de la actriz que hacía de poetisa en "El Cuervo". Casi textual, "porque Poe, al igual que todos los buenos poetas, prefirió el sacrificio al éxtasis". Me reí de guata, primero por lo snob de la frasesita (sustituyendo con snob el concepto chilensis, pudorosamente), y segundo porque ¿tendrán claro quién era Edgar Allan Poe? ¿Un tipo que fue alcohólico toda su vida, abusaba también del láudano, que poco antes de su segunda boda desapareció por días y fue encontrado bajo delirium tremens? Tan sacrificado, él. Tan poco extático. Un tipo tranquilo, sobrio, mesurado. Claro.